Y al acostarme en los fríos carrizos cae el sueño pesado, raspándome mi morena piel, quemándome los ojos,.mi mente se vuelve inconsciente, la luz es cada vez ausente, los monstruos del cansancio vuelven aparecer y los cuentos ya se hacen de terror, las hierbas y las mazorcas van perdiendo olor. Aparecen duendes inquietos brincando a mi alrededor, veo las cosas de un extraño color, pierdo movilidad, estoy a merced de lo surreal, mis borregos cada vez son menos visibles.
Una mujer adornada de maleza se acerca cada vez mas, incitándome con las manos a levantarme e irme con ella hacia atrás. Entonces una voz grave empieza a gritar, la obscuridad se empieza aclarar, empiezo a razonar, toda lo surreal ha desaparecido, la voz era mi padre, que gritó: “Negro… otra vez te has quedado dormido”. Desperté rápidamente, seguí a los borregos através de la vereda que rodea la gran verde cantera.

